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Bruce Buffer acerca de los comienzos de Jon Jones

No mucho antes de que alcanzara el récord de defensas del título de peso semicompleto del UFC, Jon Jones era simplemente un joven entusiasmado en Las Vegas. Bruce Buffer recuerda la noche de UFC 126 en una parte de su libro de memorias "It's Time," disponible el 14 de mayo. (Hacer clic aquí para encargarlo)

La noche del UFC 126, me estaba yendo de la fiesta posterior al evento en XS, un club nocturno de Las Vegas, a las 3.00 a.m. Cuando atravesé el lobby del hotel Encore, vi al peleador Jon “Bones” Jones entrar casi corriendo, mirando frenéticamente a su alrededor.

“Hola, Jon”, dije. “¿Qué pasa? ¿Has perdido algo?”

Me explicó que tenía que pagar el taxi. “No tengo efectivo”, dijo. “Estoy buscando un cajero automático”.


Ven conmigo, Jon”, le dije, acompañándolo. Nos adentramos en la noche fría. El taxi estaba estacionado en la puerta, el motor regulando, el conductor se veía enfadado e impaciente. Me asomé a la ventana y conté unos billetes. El taxista continuó su camino, yo me di vuelta y le puse a Jon un billete de cien dólares en el bolsillo de su camisa.

“¿Qué es esto?”, dijo. “Gracias, Bruce, pero no puedo aceptar tu dinero—”

Me volteé y miré al hombre de seis pies cuatro pulgadas que acababa de ganar esa noche la bonificación de $75.000 por el Sometimiento de la Noche tras derrotar a Ryan Bader, quien se rindió en el segundo asalto tras una estrangulación. Era la primera vez que Bader perdía y Jon era una estrella en ascenso; en seis semanas iba a retar a Mauricio “Shogun” Rua por el campeonato de peso semicompleto. Si ganaba, se convertiría en el campeón de peso semicompleto más joven de la historia del UFC, con solo veintitrés años de edad. (Por si no sabían: Ganó).


“Mira, Jon”, le dije, “acabas de ganar una pelea del evento principal. Es noche de pelea, y hay fanáticos en toda la ciudad. No puedes andar caminando solo alrededor de Las Vegas, sin efectivo, sin tus asistentes, ¿me entiendes?”

Asintió con la cabeza. “Sí, Bruce”.

Amo Las Vegas. La conozco como la palma de mi mano. Pero soy el primero en decir que hay que mantenerse alerta, igual que en una ciudad grande. Especialmente si eres reconocido.

Conozco a los peleadores lo suficiente como para saber que en las noches de peleas están tan excitados que no pueden dormir. Esa noche, la victoria de Jon sobre Bader estaba tan fresca que él aun podía saborearla. Eran las 3.00 a.m., pero Jon podría haberse quedado despierto hasta el mediodía del día siguiente. Todo lo que quería era divertirse hasta que no le quedara energía.

Para este momento ya había otras personas llegando al lobby. Algunos eran mis amigos. “Nos vamos a otra fiesta”, le dije a Jon, haciendo seña con la mano al chofer de la limusina. El lujoso auto negro se acercó. “Ven con nosotros”.

A medida que la limusina se alejaba de la acera pensé que debería hablar con el manager de Jon acerca de lo ocurrido. Aunque ahora, la noche era joven aún.

Llevo tiempo diciéndole a la gente que mi joven amigo Jon “Bones” Jones es una raza de peleador nueva. En el Octágono es un derviche que resuelve todo rápidamente, un tornado de codazos, rodillazos y patadas. Tiene el mayor alcance de todos los peleadores de la organización. Un maravilloso engendro de la naturaleza muy bien proporcionado, como lo son tantos otros grandes atletas.


Comencé a decirle a la gente que se convertiría algún día en el Muhammad Ali del UFC, y fui criticado por eso, pero aún mantengo esa opinión. Ali en su mejor momento tenía un humor devastador y era un maestro de la guerra psicológica, pero también encantó a millones porque tenía lo que tiene Jon: carisma. Jon es un caballero fuera del Octágono, y un ciclón dentro. Su técnica es indescriptible, tiene gracia pero estilizada. Logra movimientos que solo se ven en las películas. De hecho, son mejores que en las películas porque en este caso hacen daño real.

Dado que tiene poco más de veinte años, aún le falta madurar, tanto como hombre como peleador. Pero tiene más suerte que muchos de los que llegaron al UFC en la década pasada. Primero, él practica el deporte en una forma totalmente diferente. Segundo, está en el lugar correcto en el momento correcto. El trato con Fox de 2011 ha lanzado el deporte a otro nivel y lo ha expuesto a millones de fanáticos nuevos. El UFC ha llegado a las masas, y Jon se encuentra en la posición perfecta para aprovechar algunos de esos beneficios. 

Otra cosa que Jon tiene en su esquina es una familia llena de amor. Su padre es ministro Pentecostal en el estado de Nueva York; Jon era parte del coro de la iglesia cuando se crió dentro de una familia muy religiosa. Él era el hermano del medio, y aunque no era un escuálido, sus hermanos también eran tremendos atletas. Ambos jugaron futbol americano para Syracuse. Arthur es actualmente extremo en la defensa de los Baltimore Ravens; Chandler fue elegido por los New England Patriots en la primera rueda del 2012 de la selección de jugadores universitarios para participar en la NFL. 

Es por eso que no veo debilidad en la armadura de Jon, solo un poco de inocencia. Por eso la noche en que lo vi solo en Las Vegas no me pareció bien. La gente piensa que hago mucha alharaca acerca de los peleadores necesitando protección. Obviamente, Jon puede defenderse de lo que la vida le tire, y sus asistentes no pueden estar a su lado para protegerlo todo el tiempo, pero un campeón tiene cosas más grandes para hacer que buscar un cajero automático o protegerse de borrachos idiotas.


Si piensan que exagero, debo contarles que cuando la limusina se acercó esa noche a la puerta del Encore, entré primero con mis amigos. Jon se detuvo un segundo en la vereda. “Jon”, le dije. “Vamos. Entra”.

Entró. Y un segundo después que Jon cerró la puerta—solo un segundo—un sujeto de los que estaban fuera del hotel tiró una trompada y noqueó a alguien más que estaba parado exactamente donde se encontraba Jon unos segundos antes.

Jon me miró, anonadado.

“Tenemos que irnos”, le dije al chofer que apretó el acelerador.

La vida puede cambiar rápidamente en las noches de peleas en Las Vegas. Cuando las fiestas empiezan a morir, la gente borracha se aburre y busca algo que hacer. Tienes mucha testosterona fluyendo. Alguien insulta y pum, alguien recibe un golpe en la mandíbula. Si eso va a ocurrir, prefiero que le ocurra a alguien más, no a uno de nuestros muchachos. Ellos no necesitan ese dolor de cabeza y no necesitan esa publicidad.

Pasaje del libro "It's Time" de Bruce Buffer publicado en ufc.com con el permiso de Crown Archetype, una subsidiaria de Random House 

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